Podemos y el PSUV, los dos se escriben con P

PSUV y Podemos


La historia de estos dos partidos que tienen más en común de lo que sería deseable, transita, por ahora, hacia lo obvio, Podemos, como el PSUV, irá “engullendo” al PSOE si éste finalmente se repliega a los mandatos del nuevo “chico” de moda de la política española.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
Podemos lo tiene claro. Se convirtió en una fuerza dentro del panorama político español. Comenzaron con los Indignados, reuniendo en plazas y corrillos a aquellos que estaban en paro, con aquellos que tenían problemas económicos, se hicieron eco de los desahuciados de los bancos, de los que no podían pagar sus apartamentos y sin sobresaltos se fueron apoderando de sus voces.

Hablaban en aulas, en reuniones de lo que la gente quería oír. Aquí le daban la razón a estos y allá, a aquellos. La televisión comenzó a enamorarse de lo que decían y le dio un espacio a Pablo Iglesias para que sentado lograra su proyección mediática. El público con problemas económicos a causa de las medidas del gobierno impuestas por la Unión Europea, debido al déficit en el que había quedado España tras el gobierno de Rodríguez Zapatero, encontró un aliado en el hombre de la coleta. Decía lo que pensaban muchos españoles, expresaba sus angustias, pero no explicaba con hechos ajustados a la realidad, el porqué de la crisis.

Mientras, Podemos se estrenaba y entrenaba en el poder en los gobiernos de Venezuela, Ecuador y Bolivia, llevado de la mano de Hugo Chávez quien le abrió la posibilidad de intervenir en las redacciones de Constituciones, en las políticas económicas y en los procesos de propaganda. Era el entrenamiento perfecto. El primer escalón para el salto.

Podemos iniciaba un camino paralelo al que había vivido Hugo Chávez.

El paralelismo es muy parecido. En Venezuela los partidos políticos comenzaban a desgastarse, la corrupción tenía hastiada a la población. El primer golpe no fue acampar en las plazas, lo llamaron “el caracazo´’ en el año 1989. El pueblo ya venía cansado y no quería las políticas económicas que intentaba establecer el gobierno de Carlos Andrés Pérez, las llamaron las políticas de los tecnócratas que obedecían al Fondo Monetario Internacional. Varios focos comenzaron a encenderse en el país, hasta que el aumento de los pasajes del transporte público, logró encender la chispa definitiva. El pueblo de la capital salió a la calle a protestar y a saquear. Por detrás, agazapados, a hurtadillas, estaban los militares y los políticos de la izquierda.


Sus votos le dan derecho de exigirle al PSOE que si quiere su apoyo deben cumplir con sus exigencias.


Les costó un poco más de tiempo que a Podemos, pero fueron allanando el camino del descontento y minando poco a poco a los partidos políticos. Finalmente accedieron al poder con las elecciones. Hugo Chávez hizo una campaña en la que comenzó a prometer. Cuba y los Castro fueron sus asesores. Los medios audiovisuales se enamoraron de él y le dieron tribuna. Decía aquí lo que querían oír éstos y allá lo que querían aquellos.

En 1998 logró el poder. Comenzaron a aplicar las políticas que tenían debajo de la manga, las que nunca habían puesto sobre el papel.

Pablo Iglesias ahora exige. Sus votos le dan derecho de exigirle al PSOE que si quiere su apoyo deben cumplir con sus exigencias. Vuelven de nuevo a pescar en río revuelto. Tienen poco que perder y si mucho que ganar, en cualquier escenario, tanto si pactan como si al final hay que hacer elecciones. Pedro Sánchez además, se lo está poniendo fácil de cara a la opinión pública.

Al ganar Hugo Chávez con el apoyo de los pequeños grupos de izquierda que estaban en las listas electorales, poco a poco los fue “engullendo” y fueron desapareciendo, minimizándose con el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), nacido ya en el gobierno, tras las elecciones, específicamente con ese fin, crear un único partido. Los pocos que quedaron fuera, como satélites, siguen ahí pero a merced del PSUV.

Por ahí va Pablo Iglesias. Su votación el 20D lo acercó al PSOE. Es verdad, contó con los votos de los separatistas, de aquellos que quieren dejar de formar parte de España a ver cómo sobreviven sin tener que rendir cuentas a un gobierno central y manejar aún más a su antojo sus recursos como “pequeñísimos” países, obviando la historia que los formó. ¿Cuál es ahora su objetivo? “engullirlos” como el PSUV se tragó al resto de partidos de izquierda. Por eso Pablo Iglesias se atreve a desafiar a Pedro Sánchez, a retarlo como “guapetón” de barrio, como el niño malo de la clase que se ríe de los demás. Así está tratando Sánchez a su rival. Así le van a dar su apoyo, él y los satélites pequeños que nada tienen que hacer solos, pero encontraron donde anclarse a cambio de cambiar a España.

Habrá que ver si Pedro Sánchez se pliega al reto de Pablo Iglesias o acepta la democracia de su partido, el que siempre ha sido la referencia de la izquierda realmente progresista, moderna y constructora de la democracia.